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Densidad

junio/16/2018 / julio/28/2018

Densidad junio/16/2018 / julio/28/2018

Dirección: Carrera 36 # 10a 35 Ciudad / País: Medellín Tel: 318-389-5244 E-mail: info@lokkus.com

 

No habrá una sola cosa que no sea una nube.

Lo son las catedrales de vasta piedra y bíblicos cristales que el tiempo allanará.

Jorge Luis Borges

 

Al propiciar el encuentro entre los procesos artísticos de Laura Ceballos y Nicolás Gómez, pensé en cómo un mismo fenómeno puede ser comprendido a partir del estudio y la observación de dos materias tan diferentes como lo son la neblina y el asfalto. La densidad adquiere en este proyecto expositivo un lugar preponderante, en tanto ambos recursos la ponen en evidencia a partir de estrategias plásticas distintas. El principio de los experimentos que los dos artistas han consolidado en sus obras es la idea de la acumulación de una sustancia que no responde a una forma reconocible. En las de Nicolás, la niebla se presenta como un cuerpo brumoso que desdibuja el campo visible; en las de Laura, el asfalto aparece como una masa aglutinada que da consistencia a las vías de la ciudad; de esta manera, establecen una reflexión sobre la complejidad física y simbólica de dos elementos —uno natural y otro artificial– que hacen parte del entorno.

En los procesos de creación de ambos artistas hay una esencia formalista para referir a su experiencia de vida. En los dos casos, la superficie matérica es el lugar del acontecimiento artístico y es de donde proceden pensamientos sobre el estado de espesamiento y saturación. De manera inevitable, sus obras activan y multiplican las significaciones de lo denso, más allá de la materia que lo posibilita. Niebla y asfalto fundan un contraste en el que se enfrentan peso y levedad, blanco y negro, terrestre y atmosférico, sólido y etéreo, natural y artificial, rural y urbano: dualidades críticas que constituyen el entrelíneas de la exposición. Las obras de Nicolás Gómez resultan de una observación concentrada en el comportamiento de la niebla donde el horizonte es vital, incluso cuando éste es invisible; mientras que las piezas de Laura Ceballos emergen de una exploración que destituye el horizonte, su búsqueda exige una mirada en ángulo picado para encontrarse con los pedazos de asfalto que luego procesa en el estudio y convierte en piezas escultóricas.

Las dos materias con las que decidieron trabajar los artistas son cuerpos problemáticos que encarnan una dificultad de manipulación y de plasticidad. Nicolás —con la niebla— recurre a la representación pictórica y al registro audiovisual, mientras que Laura —con el asfalto— confronta una lucha con el material para poder transformarlo. Lo liviano de la niebla se contrapone a lo robusto del asfalto. Sin embargo, en ninguno de los dos casos se anula el carácter complejo de las densidades producidas por la aglomeración de cada una de las materias, por la cantidad de masa acumulada en sus respectivos volúmenes. Las obras encaran al espectador con vestigios del paisaje a través de encuadres y fragmentos que evocan al unísono travesías rurales y urbanas.

Lo que nos niega la niebla

Mantenemos una ficción en relación con la presencia de la niebla; la percibimos como eso blancuzco que no se puede asir y que entrega un halo de melancolía al paisaje. Por lo general, está asociada con la levedad y con una especie de efecto mágico que emerge de la naturaleza. Sin embargo, cuando se camina entre la bruma, la sensación de pesadez es intensa y de inmediato nos cambia la percepción romántica que tenemos sobre ésta. A Nicolás le interesa poner en entre dicho esa simplicidad que asumimos cuando observamos el paisaje e intenta materializar con sus obras texturas y formas naturales que están cargadas de sugerencias simbólicas. El artista destituye la concepción del color blanco que forma esa condensación de agua como un espacio neutral y vaciado. Muy por el contrario, lo asume como una materia complicada y decide producir con el lenguaje pictórico unas superficies grumosas que remiten a la dureza misma de la formación de la neblina como proceso que desdibuja el horizonte y nos niega el paisaje. A pesar de su existencia etérea, aparece como un manto que envuelve y acoge la tierra y cobija lo más sólido y duro. Su imponencia es implacable y se refuerza con la presencia silente de una imagen blanca y abrumadora que remite a la nada. Así, el color blanco opera en sus obras de forma determinante; no es un blanco en tono puro, es un grisáceo que se convierte en un espécimen visual. Nos atrapa la materialidad visible de la pintura y la imagen magmática de las nubes que registra la lente.

Cartografía del desprendimiento

Deambular por las calles es la operación de la que parte Laura para encontrar la materia prima de sus obras. A partir de sus recorridos, ha creado cuerpos amorfos escultóricos que dan cuenta de los constantes procesos de construcción y deconstrucción del paisaje urbano. En sus trayectorias recoge fragmentos de asfalto que se han desprendido de alguna construcción en deterioro o que resultan como vestigio de los huecos de avenidas maltrechas. Su obsesión por descubrir los materiales que edifican lo urbano, la han convertido en una acumuladora de ruinas que en su estudio disecciona para descifrar la consistencia físico-química de la materia. Procedimientos precarios como el de derretir asfalto en una olla cualquiera para entender sus niveles de densidad y su comportamiento, son cotidianos y previos a la creación de sus obras, cuya masa escultórica se origina en esa oscilación entre calentamiento y enfriamiento del material. Este tratamiento delata su revisión de los fenómenos volcánicos, del magma removiéndose y siendo ese masacote hirviente que nos seduce. Sus obras son producto de la prueba y el error, su laboratorio habitado por pedazos de calles y elementos terrosos es un espacio donde acontece una especie de estudio postindustrial de los vestigios del mundo.

En el siguiente fragmento del texto Abismo sin sombra1 de Jaime Soler Frost, sobre la obra de Anish Kapoor, encuentro la excusa perfecta para cerrar mi reflexión acerca de las obras que constituyen la exposición DENSIDAD:

[…] entre pintura y escultura, entre el pigmento en bruto y la distorsión, entre el brillo fulgurante del acero y la atracción opaca del abismo, entre las cosas físicas y las ilusorias, entre el vacío y el material, entre las dos y las tres dimensiones, entre el cielo y su espejo de las raras nubes del monzón, entre le reflejo y su ausencia, entre la creación y la destrucción, entre el contorno y el espacio, entre el interior y el exterior, del plano al volumen, de la línea a la superficie, entre el objeto y su negación, entre lo desconocido y la maravilla, entre la creación y la mirada, entre el infinito y su expresión íntima, allí brota un lenguaje de opuestos […]

Erika Martínez